La aristocracia financiera no es nueva en la historia. Hoy la mencionada se expresa en las criptomonedas que hicieron su debut en 2008 inaugurando el mundo de las Blockchain. Son conocidas por algunos sectores académicos, como lumpen burguesía, una degradación de la otrora burguesía industrial. La retórica a favor del cripto es que servirían para asegurar un financiamiento ante la ausencia ante del crédito internacional. Un mercado que no cuenta con ningún control de los poderes del Estado, siendo nulas para las transacciones comerciales conocidas. Una creación monetaria carente de garantía real en términos de valor, más allá de la confianza colectiva y provisional de sus diferentes inversores. En el pasado, los “memecoin” existieron bajo otras formas. Veamos: La Revolución Francesa (1789) y el Imperio Napoleónico (1804/1815) habían transformado Europa y el mundo. La posterior restauración monárquica pensó en recuperar su antiguo equilibrio de poder, pero los acontecimientos revolucionarios ya habían modificado radicalmente los tiempos del antiguo régimen. Las intentonas restauradoras provocaron, en Francia, las revoluciones de 1830 y 1848 conocidas como la “Primavera de los pueblos”. En Francia, la monarquía de los Borbones, había sido restaurada. Luis XVIII intentó conciliar la monarquía con la revolución. Otorgó limitados derechos consagrados en la Revolución de 1789. Su sucesor, Carlos X, quiso volver al pasado, produciendo manifestaciones de protestas con la prohibida bandera tricolor. Tras la abdicación del rey, ante el temor de que la participación popular desembocara en el retorno de la república jacobina, los liberales más moderados se apresuraron en otorgar al duque Luis Felipe de Orleans -notoriamente liberal- la corona de Francia. Luis Felipe, el “rey burgués”, instalaba una monarquía limitada sobre la base de un sufragio (censitario o según la riqueza). Era la derrota definitiva de las aristocracias absolutistas. Organizó una monarquía constitucional donde el parlamento tuvo amplios poderes. El banquero liberal Laffitte dejó caer estas palabras: “Desde ahora, dominarán los banqueros”. La que dominó bajo Luis Felipe no fue la burguesía, sino una fracción de ella: los banqueros, los reyes de la Bolsa, los reyes de los ferrocarriles, los propietarios de minas de carbón y de hierro y de explotaciones forestales y una parte de la propiedad territorial aliada a ellos, la llamada aristocracia financiera. Ella ocupaba el trono, dictaba leyes en las Cámaras y adjudicaba los cargos públicos. La burguesía industrial propiamente dicha sólo estaba representada en las Cámaras como una minoría. El incremento de la deuda pública interesaba directamente a la fracción burguesa que gobierna y legisla a través de las Cámaras. El déficit del Estado era precisamente el verdadero objeto de sus especulaciones y la fuente principal de su enriquecimiento. Cada año, un nuevo déficit y cada cuatro o cinco años, un nuevo empréstito. Y cada nuevo empréstito brindaba a la aristocracia financiera una nueva ocasión de estafar a un Estado mantenido artificialmente al borde de la bancarrota; este no tenía más remedio que contratar con los banqueros en las condiciones más desfavorables. La estafa al Estado en gran escala, tal como se practicaba por medio de los empréstitos, se repetía al por mayor en las obras públicas. El crédito público y el crédito privado estaban, naturalmente, quebrantados. La aristocracia financiera hacía las leyes, regentaba la administración del Estado, disponía de todos los poderes públicos organizados y dominaba a la opinión pública mediante la situación de hecho y mediante la prensa. Y en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía; desenfreno en el que, por ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en crápula y en el que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La aristocracia financiera no es más que el renacimiento del lumpemproletariado en las cumbres de la sociedad burguesa. La plaga de la patata y las malas cosechas de 1845 y 1846 avivaron la efervescencia en el pueblo, llevando a los acontecimientos revolucionarios de 1848 y luego a un gobierno autoritario: Luis Napoleón Bonaparte.
Pedro Pablo Verasaluse
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