En Familia serán ustedes (Tusquets), la escritora y socióloga Julia Coria retoma la historia de su novela La horda primitiva (2022), en la que una singular familia aficionada a las novelas policiales se veía involucrada en una serie de asesinatos de mujeres. Coria conversó con Clarín sobre esta segunda entrega, que sigue combinando el caos de lo doméstico y la voz narradora de una abuela amorosa con escabrosos secretos y situaciones atroces.
Han pasado cuatro años desde aquellos eventos de la primera parte y la “horda” que componen Sonia, sus hijos de distintos maridos y la abuela se traslada a la selva ecuatoriana para instalarse en la mansión de Carlos, el nuevo novio de Sonia. Carlos es un médico que estudia cómo las arañas pueden regenerarse a sí mismas con la esperanza de descubrir una aplicación en humanos, inspirado por una traumática historia familiar que irá revelándose poco a poco.
Coria coordina talleres de escritura, ha publicado el libro de cuentos Permiso para quererte (2019) y fue finalista del Premio Clarín Novela en 2008 con una obra inédita. En Todo nos sale bien (2019) contó su experiencia personal de acompañar el diagnóstico de cáncer de su marido. En 2024 también publicó el ensayo El ombligo del mundo (La Crujía) sobre la escritura de no ficción.
–¿Siempre fue la idea que La Horda Primitiva tuviera una continuación?
–No. Yo escribí esa primera entrega pensando que iba a ser la única y apenas se publicó fui a visitar a mi hija que vivía en ese momento en Düsseldorf, Alemania. Yo duermo mucho en los aviones y en un momento me desperté y mi compañero de asiento estaba mirando un documental sobre arañas. Vi esa araña peluda que salía en cámara y me trajo a la memoria la araña de mi vida. En Familia, yo cuento una escena en la que ellos van manejando por la ruta y frenan porque hay una araña cruzando y eso me pasó en la vida real. En 2015 yo manejaba una camioneta por la ruta en Ecuador y de pronto vi un animalito y dije “voy a frenar para no dañarlo”. Y era una araña tan grande que era como pisar un mamífero, la esquivé y seguí de largo. Bueno, y me quedó ahí dando vueltas e inmediatamente estuvieron en ese auto los personajes de La Horda y así arrancó. Y después me pasó una cosa que no suele pasarme que es que me dieron ganas de escribir sobre algo que ignoro, un tema que para mí es muy ajeno. El documental que estaba mirando mi compañero de asiento, y que después seguí mirando yo, era acerca de la regeneración del cuerpo en las arañas con la idea de replicarlo en los humanos, cosa sobre la que nunca más encontré nada. Pero vi ese documental y después me quedé mirando otros y me fueron trayendo info que le fue dando forma a la novela, entre otras lecturas.
–¿Cómo trabajaste los guiños y paralelismos que hay con la primera parte?
–Creo que lo que me pasó es que me quedé en La Horda, me quedé con la horda. En esa camioneta en la que íbamos mis hijos y yo, estaban Sonia y sus hijos y su madre. Yo los conozco muy bien, pasé mucho tiempo con ellos. Entonces, enseguida me volvieron en toda su fuerza y toda su nitidez, cada uno tiene alguna característica muy precisa, que eso fue algo que yo quise hacer. Cuando yo escribí La Horda quise hacer una serie de cosas, una fue el "sistema los músicos de Bremen". Los músicos de Bremen es una historia clásica, como La Cenicienta o Caperucita Roja, en la cual algunos animales que son rechazados por sus amos porque son viejos, inútiles, se juntan caminando por la ruta y pasan la noche en una casa en la que en un momento llegan unos ladrones que estaban ahí. La estoy contando pésimo, pero la cuestión es que cada uno de los animales tiene una función puntual vinculada con lo que sabe hacer. En general, me encanta tener muchos personajes en escena, pero siempre cada uno tiene una función muy clara que tiene un papel en la historia. Como eso yo lo había trabajado mucho para la uno, me sirvió rápidamente para la dos.

–En Familia serán ustedes hay una mayor experimentación con la narración, ¿cómo surgió esa búsqueda?
–En la segunda parte, quise probar otro formato tradicional del policial para, un poco, desafiarlo con lo poco tradicional de la horda. Es un formato que yo ya experimenté en un cuento que se llama “Hotel en Adrogué”, que es el de meter a todos los personajes en un espacio cerrado y hacerlos morir o desaparecer de a uno. No tenía idea de qué iba a pasar, pero la primera que desapareció fue la narradora, entonces no tuve más remedio que buscarle relevo. Bueno, y ese relevo (no spoileemos), yo no quería que fuera uno de los personajes que estaban ahí jugando, porque si vos ponés una primera persona, necesariamente revelás su alma y yo no quería que el lector conociera el alma de Tania o de Sonia más que por la voz de la abuela y de la otra narradora. Y después, bueno, introduje el formato chat que lo copié textual, como si fuera un corte y pegue de ese chat familiar inexistente, introduje artículos periodísticos. Yo siempre admiré y veneré a Puig, es un poco el formato de Boquitas modernizado por el chat.
–Sonia da título al libro cuando dice “Familia serán ustedes. Nosotros somos una horda”. ¿Cuál es la diferencia entre “horda” y “familia”?
–La categoría de "horda" es algo que, en la primera parte, Federico les dice "cariñosamente" como una gracia. Yo, a propósito, nunca lo explico en el libro, pero la horda es una categoría de Freud que alude a una sociedad primitiva en la que el macho es un déspota que se sirve de todas las mujeres y sus crías a voluntad y, entonces, las crías y las mujeres se complotan y lo matan. Y cuando lo matan, él sigue reinando por medio de la culpa. Me interesaba mucho ese concepto, porque si te fijás, la horda tiene toda la apariencia de un matriarcado, pero los conflictos de las dos novelas son bien patriarcales. En el libro ellos se dicen entre sí "nosotros somos miembros de la horda", "él no es de la horda", "vos sos de la horda", como si dijeran es de mi grupo de amigos, de mi familia. En la segunda parte, yo creo que se le sube mucho el volumen a eso, los personajes de la horda se encuentran con estos otros personajes que tienen una aspiración real a ser parte de ese grupo tan entrañable, pero no cualquiera puede ser miembro de la horda, hay ahí formas de ser o de no ser. A mí esa frase de Sonia me parece como un "no pasarán, ni lo intenten, no tienen lo que hay que tener para ser de nosotros". Es algo distinto ser horda. La abuela, de varios personajes que no son necesariamente miembros del riñón, sino que devienen, dice muchas veces "mostró su lealtad a la horda". Hay algo del orden de la lealtad que divide a los que son parte de los que no.
–La horda primitiva es un policial atípico y en Familia serán ustedes hay cruces con lo que podría ser el terror o la ciencia ficción. ¿Cómo pensaste ese cruce de géneros?
–Yo, inicialmente, como me metí con esta cosa de las arañas dije, ¿cómo voy a hacer para escribir algo sobre lo que no sé? Me pasaron dos cosas. Yo soy muy obsesiva y hago trabajo de campo y estudio un montón para después despegarme de todo eso, pero yo necesito conocer bien. Y justo entrevisté a Sergio Bizzio y a Federico Jeanmaire y les pregunté por el trabajo en sus novelas y me dijeron "ninguno" y dije "voy a hacer eso". Yo iba a volver a Ecuador para hacer el trabajo de campo y decidí no volver. Eso por un lado y, por el otro, tenía que escribir ciencia sin saber nada sobre ciencia. Entonces me fui a leer Frankenstein, Doctor Jekyll y Mr. Hyde, leí Olimpia de Betina González y encontré un mecanismo. Por otra parte, me pasó esto de que yo en el avión, mirando ese documental, me encontré con esta cosa de las arañas y por más que rastreé por cielo y tierra, nunca más encontré nada que tuviera que ver con eso. Bueno, Tania lo dice, esto es un delirio nivel Spiderman, esto es Harry Potter y la piedra filosofal. Me divirtió mucho escribir sobre algo que ignoro por completo, sobre un mundo que desconozco y lograr que no se note. Tenía que encontrar formas, más que contenido. Estudié un montón sobre arañas, pero después no lo iba a poder poner al servicio de contar la historia, lo que necesitaba era otra cosa que bordea este tema, pero iba hacia otro lado. Y lo que me decís del terror, todo el tiempo hay hipótesis de terror, hay supuestos, pero la interpretación de la realidad está a cargo de lectoras de policiales y ellas descodifican lo que va pasando en función de sus lecturas. El terror está plantado porque están en el medio de la nada en un lugar donde muy temprano se hace de noche y están aislados por la tormenta con un fantasma, en la casa donde hay una niña muerta y donde pasan cosas raras y ellos desaparecen. El terror es la primera hipótesis y después hay que desandar ese terror para encontrar lo que realmente está ocurriendo.
–En su momento, dijiste que el estallido del Ni una menos cambió mucho tu escritura de la primera parte. ¿Cómo es sacar ahora esta continuación?
–Yo escribí la primera parte y la terminé varios años antes del Ni una menos. En ese momento era socióloga y me dedicaba cien por cien a eso. Escribía furtivamente, pero nunca pensé en que se iba a publicar. En el ínterin ocurrió todo lo que yo cuento en Todo nos sale bien, yo me salí del mundo para atravesar ese proceso. Le fue muy bien y entonces decidí aplicarme de nuevo a la escritura. Cuando yo retomo La horda, tengo una serie de crímenes de mujeres y no está el Ni una menos. Mi primer impulso fue aggiornarlo y después dije “no, esto es espectacular”. Porque parece que fuera en la Edad Media y pasó hace nada, hace cinco minutos mataban a una chica y el presentador de la tele ponía una foto de ella vestida de alguna determinada manera y tenía el tupé de comentar la vestimenta. Entonces lo que hice fue poner como introducción un párrafo que sitúa y con eso para mí La horda ganó una potencia importante. En esta segunda entrega, la abuela es un personaje muy querible, pero no es la abuela más “progre” y macanuda, de hecho, está desatada. A mí me gusta escribir siempre personajes que no son el que sería mi mejor amigo, el que piensa como yo. A mí me alucina el que tiene un personaje despreciable que te conmociona desde ahí. En el caso de la abuela, para mí el desafío era escribir un personaje con muchas cosas muy polémicas que vos ames, porque mientras te está diciendo la incorrección política más grande, te está dando la mejor milanesa de tu vida y te está acomodando el almohadoncito en la silla y te dice ¿querés un café? Ella sabe algunas cosas y no las cuenta porque en Buenos Aires todo es el Ni una menos y no quiere que esto les traiga problemas ahora que ya superaron los de la primera parte. Ellos ahora están aislados del mundo y todo es del orden del secreto, entonces ahí no hay una mirada externa que pueda poner un parámetro de humanidad, de algo que no sea “hordacentrismo”. Como dijo Raquel Robles en la presentación de La horda, “seremos felices al costo que sea”.

–Justamente, tus personajes hacen cosas terribles que pasan casi inadvertidas porque son muy queribles y eso pone a los lectores en un lugar incómodo.
–Muy incómodo, pero que no advertís hasta que no parás y hacés esta reflexión. En La horda mi intención es eso. Mi pregunta cuando escribo es qué estás dispuesto a perdonarle a un personaje con el que te encariñás. Yo acá me zarpé, redoblé la apuesta. La abuela en esta entrega dice y hace barbaridades, hace cosas muy viles en favor de la felicidad de la horda. Y como a esta altura ya lo único que querés es que la horda se salve...
–El tema de la maternidad está presente en las dos novelas, ¿cómo pensaste a Sonia como madre?
–A mí me hace gracia porque yo a Sonia la quiero desde el principio y la gente tiende a no quererla. En general, la literatura argentina actual, la maternidad está del lado del padecimiento de las mujeres que no desearon ser madres y lo fueron por imposición, o lo fueron siguiendo la pulsión de la especie y después dijeron ¿qué es este quilombo? O hay mucho libro en torno a querer ser madre y no conseguirlo, llegar y acceder a eso idealizado. A mí me interesaba buscar un personaje que tiene una pulsión y reivindicar una maternidad deseada que no fuera que por eso se convierte en una mami que el único tema de su vida es el colecho. Sonia tiene siete hijos, le encanta tener hijos y traer al mundo hijos ajenos, pero no está todo el día en el chat del jardín y sus amigos son los papás del cole. Ella es una profesional que tiene una modalidad con sus parejas que es la de servirse mutuamente mientras tienen objetivos comunes y después no. Va por su deseo. A mí, con ese personaje puntual, me pasa una cosa muy particular con respecto a los otros, que es que en la primera entrega Sonia está de viaje, aparece por teléfono y en una escena final, dándolo todo. En esta segunda parte, la tenía que hacer hablar y yo no la conocía. La conocí, la construí y la escribí un poco por oposición a su hija y a su madre.
–Recientemente también publicaste El ombligo del mundo, que habla sobre la escritura de autoficción. Aunque esta es una novela, sabiendo un poco de tu historia personal [Coria es hija de desaparecidos] es fácil conectar cosas que le pasan a tus personajes con tu vida. ¿Lo habías notado también?
–Termino de escribirlo y digo "ah, ok escribo siempre sobre lo mismo". Yo hace muchos años escribí un cuento que se llama "La hipótesis de Alberto Rodríguez Vargas", que es un tipo que cada vez que se queda dormido, pierde la memoria y cuando se despierta reconstruye dónde está y quién es con lo que tiene encima. En ese momento lo leyó una escritora, una chica muy joven que después falleció, Marina Kogan, y me dijo "ah, es un cuento sobre la memoria". Es ineludible. Pero no es que yo pienso y digo "quiero escribir un libro sobre desapariciones y sobre partos en cautiverio". Yo tuve que ver a Sonia en esa situación para decir “esto es un parto clandestino”. No es el único parto clandestino, en cautiverio. Es un poco mi historia personal y es un poco que cuando yo era chica era fanática de La novicia rebelde y cuando ellos, María y el Capitán Von Trapp se escapan con los chicos cruzando los Alpes, para mí era la cosa más heroica que yo había visto en mi vida y hay algo de eso. No te salvás solo, en todos mis libros la salvación es colectiva en serio. En Familia, todos, desde Benjamín hasta Marito que está durmiendo en la alfombra tiene una función.
–Al principio, la abuela dice que Tania le sugirió no leer tantos policiales después de todo lo que pasaron. ¿Qué pensás de ese consejo, puede ser dañina una lectura?
–Ponele, si estás embarazada no leas La horda. Yo, por ejemplo, no entiendo por qué la gente leería Todo nos sale bien. Pero la gente lo lee, por suerte le va muy bien. Yo ahora voy a encarar una novela que transcurre en la dictadura, me considero experta en el tema, pero igual me llené de novelas para leer en el verano porque quiero ponerme en clima, así como escribí Familia con ruido de olas y de selva todo el tiempo. A mí en general, si el libro está bueno y si yo estoy atravesando un proceso puntual personal más allá de la escritura, voy y leo. Cuando estaba atravesando lo que cuento en Todo nos sale bien, yo leí a Didion, leí Patrimonio, todo lo que hay en torno a eso. Es una apuesta muy personal.
–¿Va a seguir la historia de la horda?
–Cuando entregué el manuscrito y lo leyó mi editora, Paola Lucantis, me dijo que antes de decirme nada, necesitaba saber si esto era una saga. Y yo dije que sí. Jamás lo había pensado, pero dije que sí, así que hay una tercera parte. Pero en el medio quiero escribir una novela que tenía pendiente de antes, así que voy a escribir esa otra novela y después vuelvo.
Julia Coria básico
- Julia Coria (Adrogué, 1976) es escritora y socióloga.
- Publicó las novelas Todo nos sale bien (2019), Permiso para quererte (2003 y 2021) y La horda primitiva (2022), el libro sobre escritura de la experiencia personal El ombligo del mundo (2024) y participó en diversas antologías de cuentos.
- Fue finalista del Premio Clarín de Novela en 2008 con una obra que permanece (y permanecerá) inédita. Forma parte del grupo de autores Fuego Amigo.
- Desde hace años dicta talleres de escritura creativa y académica. Coordina el club de lectura En obra (en el Centro Cultural de España en Buenos Aires) y junto con Utje organiza el club de lectura gastronómico #Club1985 y reseña libros en redes sociales todos los fines de semana.
Familia serán ustedes, de Julia Coria (Tusquets).
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