Goles a favor y en contra de Javier Milei
La camiseta firmada por Messi le suma al Presidente; el discurso homofóbico solo excita a los sectores extremos
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El expertise argentino por hacer de algo banal una cuestión de Estado sigue viento en popa: en la semana que pasó, la camiseta del Inter Miami autografiada por Lionel Messi, que le obsequiaron las autoridades de ese club en su visita al presidente Javier Milei, trajo mucha tela para cortar.
Podrá parecer un tema decididamente menor –sin duda, lo es–, pero no para los kirchneristas de pura cepa, todavía ardidos porque ni el seleccionado de fútbol, ni su director técnico ni su capitán se avinieron a tener el más mínimo acercamiento al cuarto gobierno de esa ideología cuando ganaron el Mundial a fines de 2022. Están muy frescas las escenas de tamaño desaire, a la llegada al aeropuerto de Ezeiza, al entonces ministro del Interior, Wado de Pedro, que quedó pagando cuando le pasó por al lado la delegación campeona sin ni siquiera mirarlo y, peor todavía, el ómnibus con los campeones deambulando por la ciudad, con tal de escapar a la foto oficial en la Casa Rosada.
La foto del Presidente exhibiendo la remera rubricada por el mejor jugador del mundo reavivó aquel resentimiento. Para colmo fueron dos las prendas firmadas por Messi, porque otra era para Karina Milei, con su nombre estampado en la tela.
Algunos trataron de bajarle el precio a ese gesto. El periodista Ernesto Cherquis Bialo dijo por C5N que el jugador suele dejar firmadas remeras antes de que sean estampadas para ser regaladas o vendidas a un precio diferencial, aunque luego reconoció que resulta difícil pensar que los dirigentes del club se cortaron solos sin informarle al notable jugador que llevaban tan particular regalo a los hermanos presidenciales. Lo cierto es que las dedicatorias no están personalizadas ni “Para Javier” ni “Para Karina”, sino que simplemente dicen “Con cariño” y, a continuación, la firma.
“Entienden por qué Diego fue el más grande de toda la historia y Messi fue solo un gran jugador de fútbol”, posteó en X Donato Spaccavento, exdirector de los hospitales Argerich y Posadas. El áspero @GordoDan se burló en la misma red social con su comentario: “Qué enfermos que están los kukas hermano ajajajajajajajajajaj”. A Diego Brancatelli, que se dio el lujo de denostar no solo a Messi, sino al resto de la selección y al director técnico -”Messi, cuando esto explote, vamos a ir a buscarte”, amenazó el periodista archiK-, le respondió directamente el presidente Milei y lo calificó de “basura” y de formar parte de una “secta enferma de poder”.
Muchos todavía se preguntan el porqué en las prendas del número 9 (con el que nunca jugó Messi) y no el clásico 10. Hay quienes interpretan que tiene que ver con la kábala y su alto significado para los hebreos. Otros repararon también en que, en la quiniela, el 99 representa a los hermanos, el número que formaron los Milei al posar juntos con ambas remeras.
“Me gusta ser polémico, porque eso es lo que genera el debate. Al no haber discusión política ni debate, se imponen las tendencias ya impuestas”. Esta declaración podría ser, indistintamente, tanto del presidente Javier Milei como de la expresi/vice Cristina Kirchner. Con sus matices, ambos apelan mayormente a estridencias, a modos enojados y a imputar a sus adversarios de la vereda de enfrente sin hacerse cargo nunca de nada.
Manejar la cosa pública requiere de estadistas decididos, pero moderados, que tengan en claro lo mucho que requiere de urgente arreglo y que transmitan la tranquilidad a sus gobernados de que lo están haciendo lo más rápido posible y bien.
Sin embargo, ese textual pertenece a Francisco Facundo Jones Huala, el terrorista incendiario que se reivindica como un lonko weichafe, supuesto guerrero indígena que depreda con violencia la vida en sociedad como una forma de lucha de los pueblos originarios para recuperar territorio y conformar una nación mapuche. Hay que reconocer cierta coherencia en el hacer y el decir desaprensivos del líder de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM). Ambas vertientes (su lenguaje y su consecuente accionar) apuntan a subvertir el orden establecido, al caos, a desafiar a las autoridades constituidas y a sembrar el pánico y el desasosiego entre las poblaciones patagónicas que ataca en pos de sus mesiánicos objetivos.
Pero ¿qué sentido tiene ser presidente de la Nación y fogonear discusiones inamistosas que atrasan como, por ejemplo, la prédica homofóbica contra los derechos de las minorías sexuales y el feminismo?
Una cosa (necesaria) es recortar reparticiones y partidas que, amparadas en defender las diversidades (que, por otra parte, el último censo nacional demostró que son numéricamente muy acotadas), generaron gastos injustificados y superfluos, y otra muy distinta es aparecer despotricando como un troglodita desde una vidriera mundial, como el Foro de Davos.
La fijación con estos temas, más la recurrencia en el uso de metáforas con connotaciones carnales, deberían salirse quizás del análisis político para pasar a ser materia de estudio sexológico y hasta psiquiátrico.

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