El anillo de la Inteligencia Artificial
Se suponía que los secretos más valiosos de esta tecnología eran propiedad estadounidense, pero la irrupción de una firma china sugiere que es prematuro suponer el fin de la carrera.

Aunque para la mayoría el mundo actual es menos amenazador que el de épocas anteriores, los profetas de calamidades por venir están resueltos a recordarnos que en cualquier momento podríamos caer víctimas de catástrofes atribuibles a nuestra propensión a desafiar a los dioses que, hoy en día, suelen estar aún menos dispuestos que los de otras épocas a prestar atención a nuestras plegarias,
Algunos nos advierten que el calentamiento global hará inhabitable buena parte del planeta, otros que pronto habrá guerras nucleares que tendrán consecuencias aún más definitivas, o que convendría prepararnos para enfrentar una pandemia mucho peor que la de 2020, o que el desplome precipitado de la tasa de natalidad presagia la extinción del género humano, o que el advenimiento de un conjunto de “populistas” de “derecha” presagia el fin de la libertad y el inicio de un largo apagón cultural.
Últimamente, se ha sumado un nuevo jinete del apocalipsis al escuadrón ya numeroso que, según los pesimistas, está galopando hacia nosotros. Es la Inteligencia Artificial. En opinión de ciertos presuntos expertos en el tema, IA no tardará en privilegiar sus propios intereses. Lo hará desvinculándose de sus progenitores para proceder a remodelar el mundo para que sirva a sus propias prioridades. Dicen que ya es más hábil que nosotros y que, merced a su capacidad para mejorarse exponencialmente, la diferencia pronto será tan abismal como la que nos separa de los microbios. Es por tal motivo que hay quienes recomiendan que pausemos el desarrollo por un rato para asegurar que los artefactos “inteligentes” que estamos ensamblando se comporten de manera benévola.
Otros presuntos expertos igualmente acreditados se mofan de tanto alarmismo. No creen en la posibilidad de que un día la IA tome conciencia de sí misma. La ven como una especie de calculadora extraordinariamente sofisticada que siempre dependerá de técnicos humanos. Señalan que sus hazañas más notables – puede confeccionar en un par de minutos libros extensos en base a lo ya escrito por un autor cuyo estilo logrará imitar -, no se deben a su “inteligencia” supuestamente superior sino a su capacidad para cosechar datos que están disponibles en la red y ordenarlos conforme a reglas conocidas.
Con todo, aun cuando fantaseen aquellos que tratan a la IA como una entidad destinada a remplazarnos, algo así como un invasor extraterrestre muchísimo más avanzado tecnológicamente que los bípedos que se han adueñado de la Tierra, no cabe duda de que será una herramienta muy pero muy poderosa. Es por tal razón que Estados Unidos y China están invirtiendo cuantiosos recursos en un esfuerzo por dominarla. Desde el punto de vista de sus gobernantes, la IA es el equivalente moderno del anillo de los nibelungos wagneriano que hubiera garantizado la supremacía mundial de quienes llegaran a poseerlo pero que, por fortuna, desapareció en el acto final del ciclo.
No ocurrirá lo mismo con la IA. En otros tiempos, era frecuente que los pueblos olvidaran los avances científicos de sus antecesores, como sucedió en Europa antes del Renacimiento, pero a menos que surja una férrea dictadura mundial que decida hacer obligatoria la ignorancia, tendremos que convivir con todo lo descubierto por los investigadores y con las consecuencias concretas de su trabajo teórico aun cuando incluyan a bombas nucleares y a virus hechos más mortíferos en laboratorios especializados.
Hasta hace apenas un par de semanas, se suponía que los secretos más valiosos de la IA estaban en manos norteamericanas, pero la aparición repentina de una pequeña empresa china poco conocida sugirió que sería prematuro suponer que la carrera ya ha terminado. De la noche a la mañana, la empresa, DeepSeek, demolió las acciones de un gigante tecnológico, Nvidia, que en minutos perdió aproximadamente 600 billones de dólares – un monto cercano al producto doméstico anual atribuido a la Argentina –, al presentar en público una alternativa baratísima a los productos norteamericanos que le había costado monedas confeccionar.
Es probable que se hayan equivocado quienes creen que, gracias al éxito imprevisto de DeepSeek, China está liderando la carrera cibernética, pero el que el episodio haya provocado un revuelo tan grande subraya la importancia de lo que está sucediendo. Si bien nadie parece saber muy bien cómo será el impacto de AI en los años próximos, los estrategas de los países principales entienden que quienes estén en condiciones de controlar las supercomputadoras que están encargándose del manejo de cada vez más servicios estatales y corporaciones privadas tendrán poderes que hubieran envidiado los míticos dueños del anillo de los nibelungos.

Aunque para la mayoría el mundo actual es menos amenazador que el de épocas anteriores, los profetas de calamidades por venir están resueltos a recordarnos que en cualquier momento podríamos caer víctimas de catástrofes atribuibles a nuestra propensión a desafiar a los dioses que, hoy en día, suelen estar aún menos dispuestos que los de otras épocas a prestar atención a nuestras plegarias,
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite desde $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios