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"Solo el pueblo salva al pueblo": el lema de rabia de los españoles arrasados por el temporal

Los afectados por las inundaciones en Valencia reclaman la falta de acción y apoyo de las autoridades. 
Sabado, 02 de noviembre de 2024 21:55
"Solo el pueblo salva al pueblo": el lema de rabia de los españoles arrasados por el temporal "Solo el pueblo salva al pueblo": el lema de rabia de los españoles arrasados por el temporal

“Aquí en los dos primeros días no vimos a nadie que viniera a ayudar. ¡Nadie! Yo sé que no es cosa de un día ni de dos, pero necesitamos ayuda”. El agua llegó hasta los 3 metros en la casa de la madre de Aroa García, en Alfafar, a las puertas de Valencia.  Todos los muebles de la planta baja son ahora un amasijo embarrado que se acumula frente a la puerta de esta vivienda adosada, donde un grupo de vecinas y familiares saca con brío paletadas de fango. Un caballito de piedra es de las pocas cosas que se han salvado en el pequeño patio que precede a la casa.

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“Aquí en los dos primeros días no vimos a nadie que viniera a ayudar. ¡Nadie! Yo sé que no es cosa de un día ni de dos, pero necesitamos ayuda”. El agua llegó hasta los 3 metros en la casa de la madre de Aroa García, en Alfafar, a las puertas de Valencia.  Todos los muebles de la planta baja son ahora un amasijo embarrado que se acumula frente a la puerta de esta vivienda adosada, donde un grupo de vecinas y familiares saca con brío paletadas de fango. Un caballito de piedra es de las pocas cosas que se han salvado en el pequeño patio que precede a la casa.

Sobre la puerta, un nombre que refleja el sueño y el esfuerzo de toda una vida: “Villa Por Fin”.

Aroa habla con una rabia contenida por el abandono con el que siente que están siendo tratados los afectados por las riadas que han dejado ya al menos 214 muertos, pero su voz se quiebra al explicar el lema de la casa: “esta casa es el fruto de mucho trabajo, por fin lo habíamos conseguido”.

La mujer contempla con angustia a su madre, que sigue en la terraza del tejado donde se refugió la noche en la que el agua se llevó por delante al barrio entero. El perrillo de la anciana asoma la cabeza sin comprender el trajín que entra y sale de la casa. “Está aún en shock, muy asustada, no quiere bajar, no entiende lo que ha pasado”, explica hundida hasta la mitad de la pantorrilla en el agua cenagosa que se acumula delante de la vivienda. Su calle ha dejado de tener salida: un muro de automóviles arrastrados por la riada, troncos de árboles, contenedores y muebles sella el paso.

“Solo nos han ayudado los voluntarios, hay tropecientos y estamos muy agradecidos, pero necesitamos ayuda profesional que empiece a desescombrar para que podamos salir adelante”, dice con impotencia ante la pila de electrodomésticos, sillones y enseres de toda una vida, ahora irreconocibles con la capa de barro que pinta todo lo que mide menos de dos metros en Alfafar.

La queja se repite en cada portal de los municipios más afectados por las lluvias torrenciales que sacudieron el sureste español el pasado 29 y 30 de octubre. Y también la sensación de que sin la ayuda de los voluntarios estarían perdidos.

Un lema, “solo el pueblo salva al pueblo”, se ha ido extendiendo por las redes sociales, y ahora es un murmullo entre muchos de los miles de voluntarios que pala o escoba al hombro, inundan desde hace un par de días las zonas más afectadas en una riada de solidaridad. Puede verse en pequeños carteles improvisados pegados en algunas de las furgonetas que llegan al centro de Benetúser en esta mañana soleada, cargadas con botellas de agua, pañales o comida. En el pueblo hace falta de todo porque absolutamente todos los comercios están destruidos.

Salvador Orts, Miguel Alegre y Rosa Devesa han venido desde Denia con el coche a reventar. Traen botes de legumbres cocidas, 50 pares de zapatos que les ha donado una amiga, galletas y hasta compresas para la incontinencia que reparten a quien lo pueda necesitar. “Todo comprado por nosotros o donado”, cuenta Salvador, que no entiende cómo puede ser que cinco días después del inicio de la tragedia “la ayuda haya tardado tanto en llegar y aún esté todo que parece un campo de batalla”.

En la calle de al lado, un destacamento de la Unidad Militar de Emergencias, la conocida como UME, ayuda a bombear agua del aparcamiento de un supermercado Consum. No saben cuántos vehículos pueden quedar en el sótano del establecimiento ni si pudiera haber dentro algún fallecido. El día anterior se obró lo que parecía imposible a pocos metros de allí. Protección civil de Valencia logró encontrar con vida a una mujer que llevaba tres días atrapada en su automóvil con el cadáver de su cuñada.

Pero esos milagros no son frecuentes.

“Hay cientos de desaparecidos y a muchos no los vamos a encontrar porque se los habrá llevado la riada hasta el mar”, dice Salvador. Bajando un poco, antes de llegar al barranco del Poio, cuya crecida anegó Alfafar, Benetúser, Paiporta y otras localidades del sur de Valencia, Zineb Habuul se asoma a la ventana de su casa en la planta baja de un edificio de tres alturas.

El agua llegó casi al techo de la vivienda, donde aún pueden verse unas molduras decoradas primorosamente en color lila, pero han conseguido sacar ya casi todo el lodo. “¿Ayuda? Excepto los voluntarios y amigos, aquí no ha venido nadie”, lamenta con indignación.

Solo le han quedado dos pequeñas fotografías de sus hijos, que muestra al borde de las lágrimas. “Acabábamos de comprar todos los muebles nuevos del cuarto de mi hija, estaban aún en cajas y ha ido todo a la basura. Lo hemos perdido todo”. Muchos vecinos reconocen que los servicios de emergencia de las distintas unidades y administraciones, tanto militares como guardia civil, bomberos, policía o protección civil “se empiezan a ver más por aquí”, dice Zineb, “pero a las casas, si no hay fallecidos no han entrado”.
 

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