Cambia la forma de entender el poder
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Estamos cambiando la forma de entender el poder. Antes se pensaba que el poder estaba solo arriba y había que ascender o, peor, trepar para alcanzarlo. Pero ahora el verdadero poder y el valor están en ser un gran conector, alguien que une a las personas, crea redes de colaboración y, desde ese lugar, adquiere visibilidad y reconocimiento. Es un tipo de liderazgo muy adecuado para las mujeres.
Sin embargo, este potencial puede verse afectado por miedos y prejuicios, de los hombres y de las mujeres. A veces, las mujeres temen no estar a la altura del desafío que les toca, lo que las puede llevar a la frustración o el sometimiento. En contextos autoritarios pueden masculinizarse o manipular a través de la seducción y la resistencia pasiva, lo que comúnmente llamamos “hacerse la tonta”.
La ventaja del estilo femenino es la tendencia a compartir emociones y experiencias para conocerse mejor y crear vínculos. El mundo actual necesita personas que piensen de manera conectiva y colaborativa, y las mujeres son expertas en construir redes humanas y sociales. Su estilo conciliador y capacidad para crear opciones diversas las convierte en “desatanudos”, resolviendo conflictos sin recurrir a decisiones tajantes.
Pero lo interesante es que se comienza a entender que no solo se debe permitir la integración igualitaria de las mujeres junto a los hombres, sino que se hacen esenciales las habilidades llamadas femeninas o soft. Habilidades blandas que algunos hombres también tienen, pero que todos necesitan para navegar en esta nueva realidad.
Las mujeres han equilibrado múltiples roles y adquirido nuevas habilidades sin perder su esencia. Han cohesionado familias, grupos y comunidades, y, en su funcionamiento, lo emocional siempre se entrelaza con lo intelectual. Se dice que las mujeres y los artistas tienen más conexiones entre los hemisferios cerebrales, lo que fomenta intuición, empatía, colaboración y preocupación por los demás. Aunque no se sabe con certeza si el cerebro de la mujer está biológicamente preparado para el multitasking, su percepción periférica del entorno es evidente. Las mujeres pueden mirar hacia dónde quieren ir sin perder de vista lo que ocurre a su alrededor.
La clave está en saber si esa diversidad la van a vivir fragmentadas, estresadas y crispadas o capaces de celebrar su riqueza de recursos. Para eso, es esencial generar espacios femeninos de encuentro, para compartir dudas, prejuicios y miedos, legitimando habilidades, recursos y proyectos. Fortalecidas, las mujeres se sentirán más cómodas para enfrentar los desafíos del trabajo colaborando lado a lado con hombres y mujeres.
Hoy existen diversas redes de mujeres, locales e internacionales, que brindan apoyo en lo personal y en lo laboral. Voces Vitales Argentina, Grupo Empresarial de Mujeres Argentinas, Foro Argentino de Mujeres Ejecutivas, International Women’s Forum Argentina y muchas más. También es posible generar grupos de interés afines o complementarios para recibir apoyo en proyectos propios y crear networking con otras mujeres.
Pertenecer a una red con las mismas inquietudes y exigencias hace que cada mujer se sienta contenida, acompañada e inspirada. Es también la posibilidad de encontrar una causa propia de compromiso social para poner talento y energía al servicio de un mundo mejor. Trabajar como mujer, por las mujeres y por el mundo debe ser parte de un mismo movimiento que se alimenta día a día. Desde las redes de mujeres es posible crecer, ayudar y respaldar a otras, y ¿por qué no? mejorar el mundo.
Ese compromiso sustenta la autoestima y el crecimiento como persona. También el reconocimiento y el prestigio. Se trata de generar valor, compartir, contagiar e inspirar.
Médica, psicoanalista, creadora del modelo de Pensamiento en Red y autora de La prodigiosa trama. Variaciones en clave de red

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