¡Vení, Francisco!, también desde la Patagonia
Sería edificante verlo construir la comunión con gestos. Un llamado bastó para enseñar que siempre es mejor adelantarse a la reconciliación que exigir resarcimientos a las ofensas.
Roberto Chobi Álvarez*

Desde muchísimos rincones de nuestra Argentina, vienen surgiendo infinidad de mensajes que a coro dicen: ¡Vení, Francisco!, ¡tu pueblo te espera!
En la Patagonia somos parte de esa ola que se basa en indicios, en rumores que nos dicen “parece que esta vez sí viene”. Y como quien espera ese familiar querido, nos vamos uniendo a esa voz común. Cada uno de los que queremos que venga, lo hacemos desde un lugar, con una tonalidad de voz. Nadie se puede arrogar el conocer la verdad completa de porqué un pueblo quiere que venga el Papa. Yo puedo compartir razones personales y ensayar algunas suposiciones.
Llega un argentino que recorrió nuestra Patria, que la conoce y la ama. Que privilegió ir a lugares periféricos, alejados. Así es, así se mueve y se hace tiempo para lo grande sin descuidar lo pequeño. Nos conoce, vibra con nuestras cosas, supo recorrer todos los rincones de la Capital Federal, y el interior profundo. Yo espero a ese Papa que si habla de las periferias, es porque en nuestra Argentina las eligió y las visitó.
Llega un pastor que nos presentó un programa que es la conjunción de Evangelii Nuntiandi de Pablo VI y Aparecida del CELAM. Una amalgama del Concilio Vaticano II y del Magisterio Latinoamericano. Nosotros trabajamos desde ese hermoso documento que es La alegría del Evangelio. Hace ya diez años que es causa de inspiración de muchas iniciativas pastorales en distintas diócesis y parroquias. En él nos asentamos para “primerear” las situaciones de la realidad que provocan nuestra creatividad pastoral.
¿Cómo no querer tenerlo entre nosotros para que nos descubra como una iglesia “en salida”? Para que al recorrer el país se encuentre con los rostros y las historias donde hemos dejado de ser una presencia lejana, hierática, incontaminada y nos volvemos parte de la solución a sus dificultades. Porque antes nos volvimos parte de sus vidas, y tocamos en sus llagas las llagas de Jesús.
Llega alguien que nos invita a hacernos cargo de la “casa común”, de promover una ecología humana integral. Yo espero al Papa que nos confirme en la búsqueda de un progreso que no sea a costa de comprometer el lugar donde vivimos con daños difícilmente reparables y que le ponga imagen a tantas localidades cuyas luchas en el cuidado de sus territorios se han vuelto invisibles.
Espero al Papa que en Fratelli Tutti nos invitó a recrear el proyecto de una fraternidad universal. El Papa que clama ante los grandes conflictos internacionales, ante las guerras publicitadas y las ignoradas, que puede ayudarnos a descubrir en nuestra grieta las raíces de un mal de época que se va extendiendo como hierba mala.
Sería edificante verlo construir la comunión a partir de gestos. Ha alcanzado un llamado telefónico para enseñarnos que siempre es mejor adelantarse a la reconciliación que esperar y exigir resarcimientos a las ofensas. Para que nos enseñe que siempre es mejor adelantarse a la reconciliación que esperar y exigir resarcimientos a las ofensas. Queremos que nos ayude a intentar “un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social” y que nos aleje de las “diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros”.
Vuelve quien nos ha dado santos concretos como ejemplo y camino: Brochero, Zatti, Angelelli, Catalina de María, Mama Antula, Pironio. Todos ellos han sido reconocidos bajo su pontificado. Él nos ha recordado que “nadie se salva solo”, y que los vínculos que son el sustrato de toda comunidad humana.
Y viene a recordarnos que la santidad es contagiosa porque sale del mismo virus que la alegría, que es el amor. Viene un Papa que se ríe mucho, que no ha perdido su buen humor, porque sabe que el camino de seguimiento de Jesús es alegre o es una fachada. Viene a mula como Brochero o descalzo como Mama Antula, porque nos recordará que el desprendimiento y la sencillez son parte esencial del mensaje del Evangelio.
Yo quiero que venga para recordarnos que se puede ser cristiano con una vida simple, y con un mensaje sencillo y directo. Sin rodeos ni tiros por elevación; cortito y al pie, con la palabra y el gesto madurado, y no enmohecido por falta de coraje o por pusilanimidad.
Yo quiero que venga porque les habla a los jóvenes. Me ilusiono pensando en tantos en tantos rotos, quebrados, que ven en él alguien que los entiende y no los juzga. Sé, porque fui testigo, la cercanía que se genera entre él y los jóvenes; la adhesión a Jesús que provoca, a sus valores y su estilo.
Quiero que venga porque la fe me dice que es el sucesor de Pedro y que cuando va a un país, lo confirma en la fe. Quiero que venga porque estoy seguro de que será portador de unión entre los argentinos. Porque en un año que se vislumbra con dificultades, nos ayudaría a enfrentarlas más juntos, y más cercanos a los que más sufren.
Y también quiero que venga porque es mi padre, mi hermano, un amigo y estoy seguro de que después de tanto andar, generar y transformar, puede venir a su casa, su barrio y su patria y recibir un abrazo de quienes tanto lo queremos y desde hace una década lo esperamos.
* Obispo de la Diócesis de Rawson.

Desde muchísimos rincones de nuestra Argentina, vienen surgiendo infinidad de mensajes que a coro dicen: ¡Vení, Francisco!, ¡tu pueblo te espera!
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite desde $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora