Blackie, crónicas de un tiempo que nos formó
Usaba unos anteojos enormes, ostensibles, de carey. Sin dudas porque era miope. Quizás porque era más tímida de lo que todos suponían.
Cuando un libro busca contar la vida de una persona, ahonda en datos, cronologías, fuentes, documentos; traza el derrotero del protagonista, lo inserta en determinada época, se esfuerza por diseñar algo así como un mapa de los impactos, encuentros, vínculos y transformaciones que lo tuvieron en el centro. Pero hay un plus, la diminuta pincelada, el detalle no tan nimio que se desliza por allí y le otorga aún más calor, textura, cercanía –incluso enigma– a la historia contada.
"Y vuelvo a la lectura de un libro que es un viaje a un mundo que sigue estando casi a la vuelta de la esquina –la matriz de mucho de lo que hoy vemos, escuchamos o disfrutamos–, y sin embargo se nos aparece como abismalmente distinto"
Todo eso tiene Blackie, una voz insumisa, la biografía de Paloma Efron que escribió hace un tiempo la periodista Hinde Pomeraniec y que recientemente reeditó Gourmet Musical. Blackie, la mujer cuyo estilo, palabras y acciones formaron parte de la vida cotidiana de toda una generación, en el tiempo increíblemente próximo y a la vez lejano en que la televisión cobraba forma en la Argentina.
Avanzo en la lectura del libro de Pomeraniec y lo disfruto desde costados inesperados. Me imagino en la situación de contarle a un niño actual de qué se trata esto que estoy leyendo. “¿Vos sabés que hubo una época –y no la de las cavernas– en la que no había pantallas? Ni celulares, ni compu, ni siquiera televisor”, fantaseo que le digo y me regodeo un poco en su desconcierto. Imagino luego que me dirijo a una adolescente: “¿Sabías que esto que a vos te resulta tan natural, ver mujeres en todos los medios, hablando a todas horas, conduciendo o dirigiendo emisiones, hace no tantos años era rarísimo?” Lo enfatizo: “hace no tantos años”. Y vuelvo a la lectura de un libro que es un viaje a un mundo que sigue estando casi a la vuelta de la esquina –la matriz de mucho de lo que hoy vemos, escuchamos o disfrutamos–, y sin embargo se nos aparece como abismalmente distinto.
Paloma Efron nació en Basavilbaso, Entre Ríos, en 1912, y murió en Buenos Aires en 1977. Atravesó y protagonizó decisivos clivajes históricos y culturales. De la exitosa asimilación migratoria que se dio a principios del siglo XX en nuestro país (familias migrantes que en apenas una generación ya estaban plenamente integradas al tejido social local), a la expansión de la cultura masiva, el sistema de medios y el nacimiento de la televisión. Varios antes y después; unos cuantos sucesos en los que ser “pionero” era bastante más que una simple expresión.
Blackie, una voz insumisa sigue ese recorrido. Recrea la infancia de Paloma en Lucienville, gran colonia entrerriana de inmigrantes judíos, señala la enorme influencia de Yedidio Efron, el padre de la futura Blackie, egresado de la Escuela Normal de Maestros Rurales Alberdi y hombre tan convencido de la capacidad emancipatoria de la educación como de su pertenencia al país que lo recibió. Y sigue luego con la progresiva transformación de Paloma en Blackie: la fascinación por el blues, el paso por los escenarios, la llegada a la incipiente televisión y la descomunal capacidad de trabajo y de creatividad que la llevó a dejar una marca en un formato que se estaba creando sobre la marcha.
La efervescencia del centro porteño entre los años 40 y 30, la irrupción de un star system criollo y adorado tanto en las pantallas del cine como en la radio o en las revistas dedicadas al espectáculo;la relación de Paloma y Carlos Olivari, emblema de la bohemia de aquel tiempo; el modo en que una mujer, a pura intuición, talento y rigor, se dedicó a “trabajar, construir su mito y a esperar su propio final”: son infinitas las aristas, tanto como la intensidad de ciertos contrapuntos. Por caso, el de Blackie y su contemporánea Victoria Ocampo.
“Mi lema es ‘solo de rodillas ante la inteligencia’”: el lema del padre, que Blackie hizo suyo, habla también de una época y un legado que sigue presente.

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