La prepotencia del atril
“El único vocero soy yo”: la frase de Manuel Adorni en una conferencia de prensa
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Si hay algo que se esperaba que terminara con el gobierno de Alberto Fernández era la “prepotencia del atril”. La encarnaba con esmero la vocera Gabriela Cerruti, que ejercía su rol con el dedo en alto, explicándoles a los periodistas cómo hacer su trabajo, y bajando línea en lugar de dar explicaciones y aportar información. Ayer, sin embargo, el espíritu de Cerruti pareció rondar el mismo atril, ocupado ahora por el señor Manuel Adorni. “Les pido que esto no vuelva a pasar”, se permitió “retar” Adorni a los cronistas. ¿Qué era lo que no debería volver a ocurrir? Que pregunten cosas a otro funcionario que no sea él. “El único vocero oficial soy yo. Todo lo que no salga de mi boca y que no sea real, es mentira”, dijo el vocero sin inmutarse.
¿Adorni cree que el rol de los periodistas se limita a hacerle preguntas a él y a escuchar lo que él tenga para decir? ¿Pretenderá suprimir por decreto las consultas off the record y las averiguaciones con otras fuentes que no sean la “voz oficial”?
“Les hago esta aclaración porque se puso en riesgo mi trabajo”, afirmó el sucesor (¿o el heredero?) de Cerruti. Tal vez convenga recordarlo: no son los periodistas los que deben cuidar el trabajo del vocero. Son los voceros los que deben honrar su rol de servidores públicos. Falta mucho para igualar a Cerruti, pero si algo no debería ocurrir es que alguien intente emularla.

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