
Gobernabilidad, volumen político y los riesgos del economicismo tecnocrático
El presidente electo llega con fortalezas y debilidades; obtuvo una diferencia contundente en el balotaje, pero necesita comunicar muy malas noticias: las cosas se van a poner peor antes de que empiecen a mejorar
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Javier Milei es, al mismo tiempo, el presidente más fuerte y el más débil en estos 40 años de democracia. Obtuvo una diferencia contundente en el balotaje, confirmada esta semana en el escrutinio definitivo. Creció como candidato y se impuso en la elección presidencial prometiendo cambios drásticos: una agenda transformacional que obtuvo un respaldo inédito de una mayoría de los votantes. Expresó mejor que nadie la vocación de cambio y el hastío con el modelo “estanflacionario”. Se trata del concepto con el que el miércoles pasado entretuvo a la opinión pública, aunque hace más de una década que define la dinámica económica del país: notable que Cristina Fernández la definiera como una “catástrofe” dado que fue justamente ella la responsable de crear los perversos mecanismos que explican la actual estanflación. De todas formas, lo cierto es que Milei necesita comunicar muy malas noticias: las cosas se van a poner bastante peor antes de que comiencen a mejorar, con suerte y si acierta en su política económica, al menos parcialmente.
Entre la imagen de la motosierra y su nuevo mantra “no hay plata” (abandonó o postergó la dolarización y la condena a la “casta”, a la que ahora recurre), es indudable que nunca antes un presidente democrático llegó al poder con un mandato tan explícito en la Argentina. Sin embargo, carece totalmente de experiencia ejecutiva (pública y privada) y le está costando armar un equipo de gobierno con la versatilidad, la destreza y el conocimiento teórico y práctico necesarios para ayudarlo a lograr sus ambiciosos objetivos autoimpuestos.
Cuenta tanto en el Senado como en Diputados con bloques muy acotados y sus integrantes, en su gran mayoría, debutarán como parlamentarios. Para peor, ningún gobernador pertenece a LLA. En consecuencia, la clave en el cortísimo plazo consiste en construir gobernabilidad: sin apoyos, contingentes o perdurables, sus iniciativas de leyes se desvanecerán irremediablemente. Y sin al menos el acompañamiento de una de las cámaras, tampoco podrá recurrir a los DNU. Uno de los futuros ministros se refirió al Congreso como la “escribanía”. Una idea desacertada, ya que eso lamentablemente ocurre cuando el Poder Ejecutivo tiene la mayoría, pero de ninguna manera es una constante.
¿Cómo se traduce esto en la práctica? ¿Cuáles son los indicadores que permiten monitorear y mensurar la capacidad de la nueva administración de asegurar la gobernabilidad? ¿Contará el futuro primer mandatario con un equipo político hábil, sutil y eficaz como para desplegar los esfuerzos que implica construir consensos y apoyos efectivos que le permitan avanzar con reformas tan profundas como las que pretende y ha prometido, dentro y ahora también fuera del país, el nuevo presidente? ¿No corre el riesgo de caer en visiones voluntaristas, tecnocráticas y algo ingenuas, cometiendo errores similares a los que en su momento complicaron de manera notable la gestión de Mauricio Macri?
Los primeros movimientos de Milei evidencian unas dosis de moderación y pragmatismo muy significativas. El viaje a los Estados Unidos, donde dejó una muy buena impresión entre los funcionarios de la administración Biden, es una muestra más de que aquel personaje histriónico, emocionalmente inestable y con una actitud agresiva y a menudo mordaz quedó desplazado por un político circunspecto, con una visión muy clara y humildad para pedir ayuda. No hace falta leer la indispensable obra de Henry Kissinger, que acaba de morir a los 100 años, para ratificar que la política exterior es siempre la más importante. En este sentido, la reunión de esta semana en la Casa Blanca no debe leerse principalmente como un requisito para luego negociar fondos frescos para la Argentina. Por el contrario, es la primera señal de cómo nos vincularemos con el mundo durante esta nueva administración: por primera vez desde las “relaciones carnales” establecidas por Carlos Menem, el presidente electo parece decidido a alinearse sin reparos con los Estados Unidos. Pero el realismo y la defensa del interés nacional obligan a reparar los cimbronazos discursivos de la reciente campaña: a eso se abocó Diana Mondino, futura ministra de Relaciones Exteriores, con sus esfuerzos para despejar dudas tanto con Brasil como con China.
En el mismo sentido se destaca la postura proactiva y plural de Guillermo Francos y Mariano Cúneo Libarona, figuras claves que estarán a cargo de los ministerios de Interior y Justicia, respectivamente. Ambos se han mostrado abiertos al diálogo y a la negociación con una multiplicidad de actores predominantes en sus áreas de influencia. Por su parte, Osvaldo Giordano, hasta ahora funcionario de Juan Schiaretti, asegura un manejo profesional y riguroso de la Anses, la principal agencia del Estado, tal vez como nunca antes en su sinuosa historia de casi treinta años. A la vez, Sergio Arbeleche, próximo secretario de Minería, conoce a fondo las necesidades de una industria que debería convertirse en un extraordinario motor de desarrollo regional para un país sediento de divisas. Lo mismo puede decirse de Horacio Marín, futuro titular de YPF, y la energía. ¿Alcanza con todo esto? ¿Cuál será el grado de libertad que este presidente economista le dará a su equipo económico, liderado por Luis “Toto” Caputo? ¿Delegará autoridad o se interesará por el diseño y la implementación de los instrumentos de política en esa materia? ¿Cuán independiente será el Banco Central, quienquiera que ejerza su presidencia, con un titular del Poder Ejecutivo tan obsesionado por la cuestión de las Leliq? Los riesgos del “microgerenciamiento” siempre deambulan por la oficina del presidente.
En nuestro país, la palabra “gobernabilidad” tiene una connotación adicional: la capacidad de controlar la calle. En ese sentido, ya vemos algunos sectores más radicalizados de la CGT y de los movimientos piqueteros que no solo anuncian o efectúan movilizaciones a nivel nacional, sino que ya están declarando la importancia de que fracase el gobierno que aún no asumió. La actitud de la nueva administración respecto del manejo de los conflictos sociales será un punto determinante.
El 29 de noviembre se celebró el Día del Politólogo, en honor a Guillermo O’Donnell, uno de los intelectuales más importantes de este país, fallecido ese día en 2011. Su invaluable contribución a la teoría política y el análisis comparado influyó en el marco conceptual y el lenguaje con el que muchísimos analistas pensamos la política de la Argentina, la región y el mundo. Apasionado, comprometido y generoso, toda su vida pensó, escribió y peleó para consolidar la democracia. Nuestros principales líderes se caracterizan por su frialdad, su egoísmo y su falta de empatía. Exactamente lo contrario al legado de Guillermo.

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