Recoleta
A pesar de que para los visitantes extranjeros acceder al cementerio de la Recoleta cuesta $3768 por cabeza, y la afluencia es permanente, no parece haber, a simple vista, una inversión a gran escala, ya que se lo ve bastante caído en no pocos sectores.
Perduran, es verdad, mausoleos colosales y esculturas magníficas, pero se alternan cada vez más con bóvedas abandonadas, de puertas entreabiertas y cristales rotos, derruidas en no pocos casos.
Es que la muerte en la Argentina –aun la más vip–tampoco se salva de la crisis que embarga a sus seres vivos. Así como el barrio que lo circunda –en otras épocas de grandes oropeles, hoy luce bastante ajado, con creciente cantidad de personas en situación de calle, ranchadas amistosas y otras no tanto–, la paqueta necrópolis porteña se vino abajo.
Hoy es el Día de Todos los Muertos (o de los fieles difuntos) que, en algunos países, como México, inspiran coloridas celebraciones. De hecho, allí empezaron ayer (Día de Todos los Santos, para nosotros). A los que les apetece el mortífero combo en versión recargada pudieron arrancar el 31 de octubre, con Halloween.
Visiten la Recoleta: la encontrarán algo más tenebrosa, pero no por culpa de los muertos.

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