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Valeria Mazza: “No sé hacer las cosas de otra manera que no sea con intensidad, con disciplina: lo disfruto así”

La supermodelo y empresaria, ícono mundial de la moda en una de las eras más recordadas de la industria, relata su vida en la serie documental que se estrena hoy en Paramount+, mientras se zambulle en nuevos proyectos con la misma pasión. Es que en la pileta en la que nadaba de joven, dice, aprendió que la tenacidad es la clave de todo

Valeria Mazza: “No sé hacer las cosas de otra manera que no sea con intensidad, con disciplina: lo disfruto así”

Valeria Mazza y el agua, una relación que, dice, marcó el resto de su vida y su carrera

Pedro Garay

Pedro Garay
pgaray@eldia.com

8 de Octubre de 2023 | 06:41
Edición impresa

Valeria Mazza cuenta “Un sueño dorado”, la serie documental sobre su vida que se estrena hoy en Paramount+, que su sueño de juventud era ser olímpica: nadadora desde joven, entrenaba de mañana y de noche, no podía salir, ni tomar, ni nada que involucrara una vida adolescente común.

Entonces, un día se preguntó: “¿Voy a seguir entrenando para un Juego Olímpico o me voy a dedicar a vivir?”. Y dejó la pileta. Años después, en 2020, su hijo Tiziano cumpliría el sueño olímpico, siendo incluso el abanderado de la delegación, “un momento maravilloso” para una familia con varios deportistas, herederos del ADN de Valeria: Benicio también esquía, y a todos los empujó al esquí Balthazar, él también un aspirante olímpico alguna vez.

De hecho, recuerda la modelo, empresaria y madre también de Taína, Balthazar estuvo al borde de los Juegos Olímpicos de la Juventud, a una carrera. Sufrió dos caídas, literales y metafóricas, la segunda lo envió al hospital, y “no pudo ir, pero para mí hizo todo lo que podía: nunca nadie le puede reprochar no haber ido a un Juego Olímpico, la vida es eso: hacer todo lo que está al alcance. A veces no es suficiente, pero tiene que ser suficiente para uno”.

Esa es la vara que Valeria Mazza se puso en su vida: dar todo para nunca poder reprocharse nada. También, se ríe, puso esa vara para sus hijos. “Maju Lozano me define muy bien en la serie: si Valeria es exigente, dice, la manzana no cae lejos del árbol. Y es verdad: sé que he sido muy exigente con mis hijos, pero también hemos sido padres terriblemente presentes y cariñosos. Hay que estar preparados, también: el mundo es difícil”, dice, en diálogo con EL DIA.

Mazza ha sido tan exigente en su vida que, cuando decidió dejar el crol y “vivir”, se zambulló en una profesión igual de rigurosa: el modelaje, relata en la serie, implicó otra vez el autocontrol absoluto. “Si… total”, dice al respecto, con una sonrisa. “Es que evidentemente era lo que conocía, no sabía hacer las cosas de otra manera, uno tiende a repetir”.

La modelo y empresaria presenta su serie documental en Paramount+

Por aquellos días, antes de convertirse en un ícono mundial de la moda, cuando todavía era una chica rosarina criada en Paraná, también empezó a estudiar terapia ocupacional, su vocación, y hasta probó con el hockey (“yo nunca había hecho deporte grupal, que es otra lógica, son valores distintos: para mí todo empieza y termina en uno. En casa, de hecho, muchas discusiones con Alejandro terminan con él diciéndome: ‘¡Por eso vos sos nadadora y yo rugbier’”, se ríe). Pero “cuando vi que la moda era una posibilidad de ganar dinero, me fui metiendo y metiendo. Y no supe hacerlo de otra manera que no sea con intensidad, con disciplina. Soy de esa manera, lo disfruto así, me encanta”.

Así, de hecho, atraviesa esta etapa de su vida. Uno podría imaginarla tranquila, cosechando lo sembrado en aquellos años de modelaje, viajes, soledad y sacrificio, pero Valeria sigue activa. De hecho, así nació “Un sueño dorado”: conversando con su pareja, Alejandro Gravier, cuando se acercaban los 50 (hoy tiene 51), empezó a pensar cuál era su próximo objetivo.

 

“Cuando me acercaba a los 50, me parecía un gran número, pero me sentía muy bien, no tenía que ver lo que supuestamente significaba cumplir 50 con cómo me sentía”

 

“Yo no soy de hacer balances, pero cuando me acercaba a los 50, me pareció… guau, un gran número. Pero por otro lado, me sentía muy bien, no tenía que ver lo que supuestamente significaba cumplir 50 con cómo me sentía”, relata. Entonces, se preguntó: “¿Qué quiero hacer? Y la verdad, me gustaría estar en la tele. Pero, ¿haciendo qué? Empecemos desde el principio, pensé, contemos quién soy, cómo llegué hasta acá”.

“Valeria Mazza: un sueño dorado” es el resultado: serie documental que narra la vida de la modelo y empresaria desde su infancia hasta convertirse en la primera supermodelo latinoamericana a nivel mundial, y que además abre, casi por primera vez, su intimidad, su vida como pareja, madre e hija. No faltan, claro, su duelo con Claudia Schiffer y sus icónicas campañas que fueron parte de una era dorada del modelaje global.

“Yo recordaba todo, pero la cuestión era buscar la emoción detrás de todo, ¿qué me pasaba mientras estaba ahí?”, explica Valeria. Con esa premisa, se fue construyendo la trama de su ascenso meteórico, y también de su lado B detrás del glamour: la soledad, las dudas, la mirada que mide y controla, también lo cotidiano, los afectos, la vida misma.

“Quería mostrar un poco de realidad, empezando por mi misma: hay un personaje, una idea sobre Valeria Mazza, que tiene que ver con cómo yo he elegido mostrarme. Pero la exigencia es tan grande, hay tanto filtro, tanto Photoshop, tanta irrealidad, que me interesaba bajar a la realidad. La moda es mi trabajo: yo llego a mi casa y soy mamá, ama de casa, esposa, hija, amiga. Me pasan un millón de cosas. Me gustaba desarmar un poco el personaje y mostrar a Valeria en diferentes roles”, cuenta.

- En una industria, y en un mundo, durante mucho tiempo se pensó que una mujer de 50 años no tenía nada qué hacer, ¿te interesaba desafiar esa mirada?

- Era uno de los temas: cómo una mujer de 50 llega con muchos sueños cumplidos pero con otros por cumplir, llena de objetivos. En el mundo de hoy no va más el tema de los números: cuando hablamos de estereotipos, de inclusión, de respeto, tiene que ver mucho el tema de la edad. Y hoy no hay edad, depende de cada uno, de las ganas, de la vitalidad, de los deseos. De ponerse objetivos y trabajar para lograrlos.

- Teniendo en cuenta ese cambio que mencionás en el mundo, en la serie contás cómo eran evaluadas ustedes, algo bastante terrible. ¿Sentís, mirando para atrás, que era un mundo un poco despiadado?

- Totalmente despiadado. El mundo en el que vivimos es un poco despiadado, y más cuando, siendo tan joven, entrás en un trabajo que pasa por el cuerpo. Yo siempre lo comparé con el trabajo de un deportista, de un bailarín: son trabajos cortos, y tu cuerpo es tu herramienta de trabajo. Tenés que estar lo mejor posible, y todo el tiempo te miden, te pesan, tenés que poder soportarlo, no es para todos. Pero en cualquier trabajo, cuando hay una competencia tan grande, el tema es aprender a competir. Yo creo que lo aprendí en la pileta: todos esos años en la pileta me enseñaron un montón para lo que vino después. Y aprendí que la competencia es con uno mismo, es buscar superarse, buscar la mejor versión.

- Tenés hijos incursionando en el mundo de la moda, que como decís, es muy exigente, no es para todos. Sabiendo todo lo que sabés, ¿no te da un poco de miedo verlos ahí?

- No. La verdad es que cuando una es madre, el miedo es un sentimiento que está a flor de piel, constantemente, cada vez que se suben a un auto, cada vez que salen de la casa. Sobre todo hoy, donde hay tantas cosas permitidas, naturalizadas… Nosotros teníamos mucho más claro qué estaba bien, qué estaba mal, qué se podía hacer, hoy hay mucho gris. Entonces, los miedos están, siempre, todo el tiempo. Pero que se metan en el mundo de la moda no me da miedo: confío en el trabajo que hemos hecho con Alejandro con su educación, que creo que es lo mismo que ocurrió con mis padres cuando a los 17 años me fui de casa. Creo que nosotros, como educadores, llega un punto donde tenemos que confiar: tus hijos van a estar siempre expuestos, en el mundo de la moda o en lo que elijan. Y se van a equivocar. Hay que confiar en que se van a equivocar lo menos posible, en que van a tomar las mejores decisiones posibles… y estar cerca, acompañar. Pero no podés evitar nada: es como cuando un hijo es chiquito, no podés estar todo el tiempo ‘cuidado que se va a caer’, se tiene que caer. Creo que nuestros hijos nos van a agradecer toda la vida que no les hayamos tendido la mano todo el tiempo para evitar que hagan, que les hayamos dejado hacer su propio camino.

 

“Con la serie quería mostrar un poco de realidad, empezando por mi misma: hay un personaje, una idea sobre Valeria Mazza, que tiene que ver con cómo yo he elegido mostrarme”

 

- Otro de tus hijos, Tiziano, cumplió uno de tus sueños: ser olímpica. La serie abre cada capítulo con vos en el agua, nadando, ¿qué significa el agua para vos?

- El agua es… ¿Viste cuando metés la cabeza en el agua y se hace silencio? Ese silencio es reencontrarme conmigo misma. Me meto en una pileta y vuelven a mi esos años de entrenamiento, de una brazada más, de “el agua lo cura todo”: no existía el “me duele, me falta”. Hace poco hablaba con una compañera de natación sobre por qué, si nuestro entrenador, Luis Díaz, era tan exigente con nosotras, al punto de que llegaba muchas veces llorando, y otras me iba llorando, lo queremos tanto. Pero es que él nos enseñó a ir derribando nuestros propios miedos, nuestros propios límites, a mi eso me educó muchísimo, me sirvió muchísimo para lo que me tocó vivir.

Valeria con Alejandro Gravier, su pareja

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